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Opinión: El desafío integrador de la educación, una oportunidad que no debemos dejar pasar

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Históricamente, los estudiantes de Educación Media Técnico-Profesional (EMTP) han culminado su proceso formativo con menos posibilidades de acceder a la Educación Superior. Esta desigualdad se observa en dos hechos: los bajos resultados en los instrumentos de selección que usan las universidades o la precariedad económica de los alumnos, lo cual limita las opciones de escoger una de las Instituciones de Educación Superior (IES).

En 2018, se promulgó la Ley de Educación Superior Nº 21.091 que consagra derechos como la Gratuidad y crea mecanismos como el nuevo sistema de acceso a la educación superior, entre otros cambios. Ello eliminó la barrera económica que impedía seguir los sueños a los ciudadanos y, a su vez, que los instrumentos de selección que se den las IES impidan sesgos o inequidades.

Sin embargo, las políticas públicas no pudieron prever que, durante los últimos cuatro años, se levantaría una nueva barrera en la EMTP, debido a los paros educativos, estallido social y la pandemia, derivando la imposibilidad de los alumnos de alcanzar el perfil de egreso para ingresar a los puestos de trabajo que aspiran o el reconocimiento de sus aprendizajes al continuar estudios en la Educación Superior Técnico-Profesional (ESTP).

Frente a esta realidad, resulta esencial que la ESTP logre reforzar y fortalecer que la educación es un proceso continuo, al cual se ingresa para preparar a la persona para el mañana, teniendo en consideración que mientras menos sea la preparación previa, más grande es el desafío de enseñar y perfeccionar talentos.

Es un deber primordial que la ESTP, en especial los que se han incorporado al nuevo sistema de acceso a la educación superior, desarrollen los mecanismos adecuados que, anticipativamente, permitan reforzar las competencias de egreso de la EMTP poniendo a disposición sus herramientas y materiales educativos, capacitando y trabajando colaborativamente con los profesores de liceos TP. Ello debe ser previo al egresar de la enseñanza media, pues las aspiraciones de dichos estudiantes pueden ser al mundo del trabajo. El acceso inclusivo que las ESTP tiene hoy, debe evolucionar y adaptarse a nuevas realidades, para romper la barrera silenciosa que ha surgido.

Para paliar este dilema, debemos pensar en soluciones de corto y mediano plazo mediante la elaboración de nuevas formas de trabajo en conjunto. Un ejemplo es el Programa de Acompañamiento y Acceso Efectivo a la Educación Superior (PACE) del Mineduc, el que está trabajado por universidades en cada región del país y cuenta con más de 550 liceos, la mayoría técnico-profesionales o polivalentes, por lo cual se puede empezar a trabajar con estudiantes y profesores de dichos establecimientos en forma inmediata. Para ello, el Mineduc sólo debe adicionar objetivos con nuevos actores y estrategias que permitan que todos los alumnos de esos liceos tengan mejores oportunidades, ya sea al ingreso a su primer trabajo o a la ESTP.

Sergio Morales Díaz

Rector del CFT San Agustín